El empresario Nasry Asfura, del derechista partido Nacional, es el nuevo presidente del país centroamericano, tras un cuestionado proceso electoral que generó una situación de incertidumbre política.
La elección del 30 de noviembre pasado tuvo un conteo de votos que se extendió por más de tres semanas y fue rechazado por el candidato perdedor, Salvador Nasrallá, del partido Liberal.
También la presidenta saliente, Xiomara Castro, del partido Libre de centroizquierda, denunció fraude y la injerencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Según el cómputo oficial, Asfura se impuso con el 40,27% de los votos, contra el 39,53% de los sufragios que obtuvo Nasrallá, un margen de apenas 40.000 votos.
Al acto de investidura de su mandato para el período 2026-2030, no asistieron presidentes ni jefes de Estado de la región ni la presidenta saliente.
Apodado “Tito”, de 67 años, el flamante presidente recibió el apoyo de Trump durante la campaña, algo que resultó una cruda extorsión a los votantes que influyó en el desenlace electoral.
También 48 horas antes de la elección, Trump anunció el indulto al expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena a 45 años de cárcel por narcotráfico dictada por la Justicia de Estados Unidos.
Hernández es del mismo partido Nacional de Asfura, y fue acusado de haber convertido a Honduras en una de las principales rutas por las que ingresaba droga en Estados Unidos durante su mandato (2014-2022) por medio de una “conspiración corrupta y violenta”.
El exmandatario, entre otras cosas, aceptó un soborno de un millón de dólares del Chapo Guzmán para permitir que los cargamentos de cocaína del cartel mexicano pasaran por Honduras.
Aliado de EE.UU.
Asfura dijo que tiene que “hablar varios temas” con su par estadounidense, al evadir una pregunta sobre si le pedirá detener las deportaciones de migrantes.
Su llegada al poder marca “el inicio de un nuevo capítulo en la relación” bilateral, señaló la encargada de negocios de la embajada estadounidense en Tegucigalpa, Colleen Hoey.
En Honduras, donde la pobreza castiga al 60% de sus 11 millones de habitantes, las remesas de los dos millones de migrantes que viven en Estados Unidos, la mayoría sin papeles, representan un tercio de su PBI.
Asfura pretende que Estados Unidos restituya el estatus de protección temporal (TPS) que beneficia a unos 60 mil hondureños en ese país.
De raíces palestinas, el mandatario ya se entrevistó en Washington hace dos semanas con el secretario de Estado, Marco Rubio, y luego visitó al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
En la cita con Rubio se discutió sobre una mayor cooperación en seguridad, una de las obsesiones de Trump con respecto a Latinoamérica, junto con lucha contra la inmigración ilegal.
Estados Unidos es el destino del 60% de las exportaciones de Honduras y, tras la cita con Rubio, se anunció que ambos países proyectan negociar un acuerdo de libre comercio.
En medio de la disputa global entre Washington y Beijing, Asfura evaluará retomar los vínculos con Taiwán.
Honduras entabló relaciones con China en 2023 bajo el anterior gobierno de Xiomara Castro.
Inseguridad
El conservador Asfura asumió la presidencia de Honduras con la promesa de combatir “de frente” la inseguridad en el país más violento y empobrecido de Centroamérica.
“Seguridad, de frente a luchar contra la inseguridad, no tengan duda de eso”, dijo al prestar juramento en una austera ceremonia en el Congreso.
El mandatario plantea reforzar la presencia policial en zonas conflictivas para lograr control territorial y aplicar un plan anti extorsión.
Honduras es azotado por las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18, declaradas organizaciones terroristas por Trump y con presencia además en Estados Unidos, El Salvador y Guatemala.
Asfura anticipó que pondrá fin a un estado de excepción declarado por su antecesora, semejante al que sustenta la guerra antipandillas de su par salvadoreño, Nayib Bukele, y criticado por ONGs de derechos humanos.
Celebra Milei
Argentina le deseó éxitos a Asfura y aseguró que trabajará junto al nuevo gobierno de Honduras.
El canciller Pablo Quirno felicitó al flamante mandatario hondureño, “a quien el presidente Javier Milei ha respaldado desde el inicio”, y deseó “el mayor de los éxitos en su gestión”.
“Argentina trabajará junto a Honduras y con su nueva canciller Mireya Agüero, así como con los países de la región comprometidos con la defensa de la libertad“, expresó Quirno.
Cuando se confirmó la victoria del candidato derechista, el presidente Javier Milei escribió en X: “La victoria de Tito Asfura es una derrota contundente del narcosocialismo y una señal clara de que la libertad vuelve a imponerse en Honduras”.
Y completó: “El pueblo hondureño se expresó con valentía en las urnas y eligió terminar con años de autoritarismo y decadencia. Desde la Argentina, celebramos el triunfo de la libertad y reafirmamos nuestro compromiso con la democracia”.
Milei no hizo referencia alguna a las denuncias de fraude y al cuestionado escrutinio, que arrojó un resultado que terminó favoreciendo al candidato de Trump.
Giro a la Derecha
En los años 80, el Pentágono utilizó el territorio hondureño como plataforma regional, especialmente para combatir al sandinismo en Nicaragua a través de los contras.
Ahora, tras un paréntesis de cuatro años de un gobierno de centroizquierda, Estados Unidos retoma su influencia en Honduras, una pieza más que suma Trump para su objetivo de dominar Latinoamérica.
Un dato final: de las cuatro elecciones presidenciales en la región realizadas el año pasado, todas fueron ganadas por candidatos de derecha: Ecuador, Bolivia, Chile y Honduras.
Con la particularidad de que en tres de ellas la derecha desplazó a fuerzas de centroizquierda, en tanto retuvo la restante.
Daniel Noboa fue reelecto derrotando al correísmo en Ecuador; Rodrigo Paz Pereira puso fin a 20 años del Movimiento al Socialismo en Bolivia; José Antonio Kast desplazó al progresismo en Chile, y lo dicho: la derecha con Asfura vuelve al poder en Honduras.

